Un día, los residentes de Fayette County, al sureste de los Estados Unidos, empezaron a experimentar baja presión de agua. ¿El motivo? Un nuevo data center de la empresa QTS que se estaba construyendo utilizaba casi 110 millones de litros de agua.
Por Redacción | Adaptado de AgendAR
El auge de la inteligencia artificial no es solo digital: tiene consecuencias físicas muy concretas sobre los territorios que albergan la infraestructura que la sostiene. Así lo advierte el periodista Federico Poore en un artículo publicado en AgendAR, donde analiza los posibles impactos del boom de los data centers en el país y la región.
Los ejemplos internacionales ilustran el problema. En el estado de Georgia (EE.UU.), la construcción de un centro de datos de la empresa QTS consumió casi 110 millones de litros de agua, provocando cortes de presión en las viviendas vecinas. En Atlanta, los vecinos organizaron protestas y exigen un referéndum para frenar la instalación de nuevos proyectos.
En Argentina, los data centers existentes son de escala moderada —Telecom y Claro operan instalaciones en Buenos Aires y Córdoba—, pero el discurso político impulsa la llegada de proyectos mucho más grandes. El presidente Javier Milei mencionó a la Patagonia como destino ideal por su frío y energía, mientras la empresa Sur Energy y OpenAI firmaron una carta de intención para un centro de hasta 500 MW, posiblemente en Neuquén.
Para atraer estas inversiones, el gobierno impulsa el "Super RIGI", que reduce la alícuota de Ganancias al 15% y libera exportaciones e importaciones, sin exigencias ambientales.
La economista Cecilia Rikap, autora de Teoría de la dependencia digital (Caja Negra), fue contundente en la entrevista: los data centers generan empleo solo durante la construcción y "no hay transferencia tecnológica". Los componentes más costosos, los semiconductores, son importados.
Además, desmintió que abaraten los servicios cloud para empresas locales: "el precio se decide en el campo de golf", aseguró, en referencia a que las grandes corporaciones negocian tarifas globalmente.
Según la especialista, en Virginia (EE.UU.) los residentes ya sufren facturas más caras de luz, gas y agua por la demanda insaciable de estos centros, que funcionan las 24 horas los 365 días del año. Y advierte que en América Latina no hay oposición organizada: los gobiernos locales y nacionales, de un signo u otro, están promoviendo estos proyectos.
Su propuesta: planificación territorial —como hizo Chile con mapeos socioambientales— y tratar los data centers como bienes públicos, al igual que los puentes o las rutas, "para evitar que esas inversiones masivas se vuelvan un enclave de concentración económica".
© a galena 99.5 | Radio FM . All Rights Reserved – Desarrollo QueStreaming.com